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Posicionamiento para la vuelta a las escuelas Sociedad Argentina de Pediatría – Parte 2

Debido a la extensión del documento lo iremos publicando por partes…NO TE LO PIERDAS 

Consideraciones de la Subcomisión de Epidemiología y del Comité Nacional de Infectología

PARTE 2 Publicado en Octubre de 2020

El objetivo de este trabajo es revisar algunos principios generales que los responsables de generar políticas públicas y las autoridades escolares deben considerar al planificar de manera segura el próximo año escolar.
Debido a que se trata de una situación dinámica, las recomendaciones actuales pueden sermodificadas convenientemente, conforme se modifique la situación epidemiológica actual.
Características epidemiológicas de la trasmisión.

Transmisibilidad

La enfermedad se propaga de persona a persona principalmente a través de gotas de la nariz o la boca, que se expulsan cuando una persona infectada tose, estornuda o habla. Estas gotas son relativamente pesadas, no viajan a más de un (1) metro de distancia y decantan rápidamente en el suelo; esta es la razón del distanciamiento como principal medida de prevención. A su vez, pueden contaminar objetos y superficies alrededor de la persona (mesas, picaportes y pasamanos) y producir el contagio por contacto de las personas con estos objetos o superficies y luego tocarse los ojos, la nariz o la boca. Es por eso que es importante lavarse las manos regularmente con agua y jabón o limpiarse con un desinfectante para manos a base de alcohol.
En este momento se encuentra en discusión la trasmisión respiratoria del virus en ambientes cerrados, pequeños, con gran número de personas y sin ventilación adecuada, así como también en relación a procedimientos médicos que generan aerosoles, como intubación o aspiración de secreciones.

La transmisión viral se puede producir desde las 48 horas previas a la aparición de los síntomas y más del 98% de los casos desarrollarán síntomas dentro de los 12 días de exposición. El período de incubación promedio de la infección es de 5 días, con un rango de 2 a 7 días. Si bien existen pocos estudios, se estima que los individuos asintomáticos constituyen una gran proporción de los infectados y representan una importante fuente de diseminación del virus. Hasta el momento no se observaron diferencias significativas entre las cargas virales de individuos asintomáticos respecto de los sintomáticos leves. Los niveles de ARN viral son detectables en el tracto respiratorio 2-3 días antes de que aparezcan los síntomas, alcanzan un pico al inicio de los síntomas y disminuyen durante los siguientes 7-8 días en la mayoría de los pacientes.

El contagio disminuye rápidamente a casi cero después de aproximadamente 10 días desde el inicio de los síntomas en pacientes leves a moderados y después de 15 días en pacientes críticamente enfermos e inmunodeprimidos.
El estrecho contacto social aumenta el riesgo de transmisión desde un individuo infectado a individuos susceptibles (directa o indirectamente, tocar superficies contaminadas y luego tocar la mucosa oral, nasal u ocular).

El distanciamiento social es la práctica de aumentar el espacio entre las personas para disminuir la posibilidad de propagar enfermedades. El Ministerio de Salud recomienda un distanciamiento de 2 metros para disminuir la propagación de COVID-19.
Otros factores para considerar son los mecanismos de defensa del individuo, como las barreras naturales que existen en las puertas de entrada al organismo, la respuesta antiviral intrínseca que puede inducir una célula susceptible y permisiva al ser infectada, y la respuesta innata del hospedador que se induce en forma inespecífica cada vez que el organismo se encuentra con un virus. Estos
mecanismos pueden determinar que el individuo pueda impedir la entrada del virus, eliminar la binfección o bien restringirla para que sólo se produzca una infección localizada en las vías respiratorias altas.

El 80 a 90% de los niños presentan cuadros leves o asintomáticos. Estos cuadros, se presentan principalmente con fiebre (50-60%) y tos seca (38%), un porcentaje menor presenta síntomas respiratorios altos como rinorrea, congestión nasal y dolor de garganta. Aproximadamente 15% de los pacientes tienen síntomas gastrointestinales, como dolor abdominal vómitos y diarrea.             También se han descrito numerosas manifestaciones cutáneas como el eritema pernio, exantemas eritematosos generalizados, urticaria y presencia de vesículas cutáneas. En general los niños tienen una evolución clínica favorable y se recuperan en 1 o 2 semanas desde el comienzo de la enfermedad.

A continuación se enumeran las co-morbilidades que podrían producir un cuadro clínico más grave y
de peor pronóstico:

✅ • Pacientes inmunodeprimidos y/o inmunosuprimidos (inmunodeficiencias primarias,
trasplante de órgano sólido o progenitores hematopoyéticos, pacientes hematooncológicos en tratamiento con quimioterapia, niños que reciban fármacos
inmunosupresores, biológicos o modificadores de la enfermedad, pacientes sometidos
a diálisis, o niños con infección VIH con mal control virológico con carga viral
detectable o disminución del número de linfocitos CD4 o inversión de la relación
CD4/CD8).
✅  • Pacientes con cardiopatías congénitas cianóticas, no cianóticas y otras (adquiridas,
miocardiopatías, pericarditis, arritmias severas) hemodinámicamente significativas, que
requieran tratamiento médico, que asocien hipertensión pulmonar, en el postoperatorio
de cirugía o intervencionismo cardiaco, trasplante cardíaco o en espera de trasplante.
✅  • Pacientes con enfermedades neuromusculares y encefalopatías moderadas o graves.
✅  • Pacientes con patología respiratoria crónica (fibrosis quística, displasia
broncopulmonar, oxigenoterapia domiciliaria, traqueotomía, ventilación mecánica
domiciliaria, asma grave).
✅ • Pacientes con enfermedad de células falciforme homocigota o doble heterocigota.
✅• Pacientes con diabetes tipo 1 con mal control metabólico.

Se ha descrito un síndrome grave, llamado Síndrome de inflamación multisistémica asociado al COVI-19 (SIM-C) y Enfermedad de Kawasaki post-COVID-19, que ha sido reportado en niños de todas las edades y etnias, aunque la mayoría de los cuadros se ubican entre los 6 a 12 años. Entre los signos clínicos iniciales se encuentran la fiebre alta y persistente durante 3 o más días consecutivos; lesiones cutáneas maculopapulares que recuerdan la distribución de la enfermedad de Kawasaki (EK); síntomas digestivos (náuseas, vómitos, diarrea o dolor abdominal) y afectación miocárdica. La afectación cardíaca incluye la disfunción miocárdica, aneurismas de las arterias coronarias, pericarditis, arritmias, shock refractario y/o elevación de biomarcadores cardiacos.
Los que tienen la decisión política y las autoridades escolares deben considerar la creciente evidencia sobre COVID-19 en niños y adolescentes, incluido el papel que pueden desempeñar en la transmisión de la infección. El SARS-CoV-2 parece comportarse de manera diferente en niños y adolescentes al compararlo con otros virus respiratorios comunes, como influenza, y en esto se basó inicialmente gran parte de la recomendación sobre el cierre de escuelas y las revisiones actuales de esta medida.
Aunque los niños y adolescentes desempeñan un papel importante en la amplificación de los brotes de influenza, hasta la fecha, este no parece ser el caso del SARS-CoV-2.

Existe gran controversia en relación a la posibilidad de transmisión por parte de los niños, por lo que no se los debería considerar como “grandes transmisores” ya que la carga viral dependería del cuadro clínico y no de la edad. Aunque quedan muchas preguntas, la evidencia actual indica que los niños y adolescentes pueden infectarse y es menos probable que presenten síntomas y tienen menos probabilidades de desarrollar una enfermedad grave como resultado de la infección por SARS-CoV-2.

Los datos más recientes sugieren que los niños mayores de 10 años pueden transmitir el SARSCoV-2 tan eficientemente como los adultos, y esta información debe ser parte de lasconsideraciones tomadas para determinar cómo abrir escuelas de manera segura y efectiva.
Finalmente, debemos considerar que en la situación actual las políticas de COVID-19 tienen como objetivo mitigar, no eliminar, el riesgo. Ninguna acción o conjunto de acciones eliminará por completo el riesgo de transmisión del SARS-CoV-2, pero la implementación de varias intervenciones coordinadas puede reducir en gran medida ese riesgo.

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